¿Ser Responsable o Evadir? Tú Eliges

¿Ser responsable o evadir?

Ser responsable es muy importante si estás en el sendero del crecimiento personal. Es indispensable para amarte. Es básico para hacerte cargo de tu vida. ¿Cómo podrías manejar tu vida si, en lugar de ser responsable, fueras víctima de tus circunstancias? O ¿lo eres? Porque en la vida solamente hay dos posturas. O eres creador… o eres víctima. Ahí sí es muy sencillo hacer la distinción. Cuando estás presente, aquí y ahora, sabiendo que tú y solamente tú has creado o atraído lo que tienes en tu vida, y estás dispuesto a hacerte cargo de ello, eres creador. Cuando, a pesar de estar aquí y ahora, te lamentas del pasado o te preocupas del futuro, estás siendo víctima (y estás evadiendo, igual que todas las víctimas). Discernir es fácil cuando eres consciente, pero eso requiere mucha práctica.

Y para evadir, en cambio, no se requiere tanta. Basta con dejar a la mente en el piloto automático y no discernir nada. Cuando algo ocurre, hacer como que no pasó nada, o elegir olvidarlo. O simplemente, elegir no verlo. Está comprobado que tus ojos y oídos perciben solamente el 50% de todo lo que te rodea. Así que, inconscientemente, eliges no ver ni oír la mitad de lo que sucede a tu alrededor. ¿Qué es lo que tú evitas? ¿Qué es lo que filtras para no ver ni oír? Y cuando sí lo haces, ¿qué es lo que decides no observar ni escuchar? Porque podemos ver y oír sin consciencia, pero solamente podemos observar y escuchar cuando lo hacemos de manera consciente.

Cuando puedes estar totalmente presente… cuando puedes escuchar el latido de tu corazón, las conversaciones a tu alrededor, saber que estás leyendo algo con detalle, que al mismo tiempo tus pulmones se están llenando de aire, que hay personas que están pensando en ti en este momento, que la Tierra sigue girando, que tu cuerpo está multiplicando sus células, que te has insensibilizado en algunas áreas de tu cuerpo por conservar esta postura, que la luz te está cansando tus ojos, que cuando lees algo que resuena contigo suspiras… cuando puedes percibirlo todo, realmente estás presente. Y consciente de estarlo. Lograrlo segundo a segundo toma práctica, pero vale la pena. El único momento donde está la alegría y la gratitud es en el presente. El único tiempo en el que puedes decidir algo es en el presente. Y donde puedes actuar y hacerte responsable, también es en el presente. Poder aprovecharlo instante a instante otorga grandes recompensas. Pero es una elección. Y muchos prefieren elegir no estar presentes. ¿Qué eliges tú?

Y estoy apenas escribiendo de las cosas sencillas, que todos podemos entender con un poco de guía. Hay tanto más que puede ser consciente, si te das la oportunidad. ¿Cuántas veces te encuentras fantaseando sin dirección ni intención verdaderas? Porque Soñar (así, con “S” mayúscula) un Sueño adulto, algo genial que podría ser, y que de volverse realidad, hará un cambio positivo en el mundo, está fantástico. Y más aún si tomas acción para volverlo realidad. Pero, francamente, ¿cuántas veces solamente tienes fantasías adolescentes, sin ton ni son, que además, de volverse realidad, te meterían en un aprieto? Eso no es estar presente. Es evadir.

De hecho, cada vez que haces algo para EVITAR hacer otra cosa, estás evadiendo. Y ese algo puede ser cualquier cosa. Hay gente que evita bebiendo, fumando, drogándose… pero también trabajando, pretendiendo que arregla las vidas de otras personas o llenando su vida de compromisos sociales… las formas de evadir son tan variadas como personas hay en el mundo. Pero la regla es sencilla: si estás postergando algo que tu interior te dice que es importante, por hacer otra cosa que no tiene el mismo nivel de profundidad personal, estás siendo irresponsable. Es fácil discernir cuando tienes el parámetro y las ganas de ser consciente.

Puedes ser irresponsable haciendo algo. O no haciendo nada. El caso es que si no le das una respuesta a la situación que está emergiendo en tu interior, sigues sin responder, y por lo tanto, sigues siendo irresponsable. Es importante escuchar y atender lo que sucede en tu interior.

Puedes ir por tu vida en automático, y elegir no darte cuenta de nada. O puedes elegir un sinnúmero de actividades y eventos de manera consciente, para inconscientemente evadir algo que tienes miedo de atender. Y hay más maneras de evitar la responsabilidad.

No sentir gratitud es otra manera de evadir. Porque cuando sientes gratitud, estás dispuesto a hacerte cargo de tu éxito, de tus amigos, de tener un mundo y una familia que se interesan por ti. Y cuando prefieres no sentir la gratitud, muchas veces es por miedo a la responsabilidad. A la responsabilidad que conllevan el éxito, las relaciones íntimas y profundas, el ejemplo de ser un creador. Eso ya deja más que pensar.

Castigarte es otra manera de evadir. Es mucho más sencillo castigarte y evadirte… que perdonarte y comprenderte. Cuando te perdonas y procuras comprenderte, te haces cargo de ti, en lugar de enjuiciarte y etiquetarte y desechar partes de ti. Cuando dices que tienes una parte “buena” y otra “mala” y después de enjuiciarlas y etiquetarlas, además quieres eliminar una de ellas, no te estás haciendo responsable de ti. Si lo fueras, te aceptarías plenamente, con tus fuerzas y debilidades, con tus defectos y virtudes. Y una vez que los aceptas, puedes hacer algo para darles un uso distinto. Pero nunca antes. ¿Cómo vas a dirigir lo que no conoces o no aceptas que tienes? Creer que de verdad puedes hacerlo es arrogancia y otra manera de evadir.

En lugar de castigarte, puedes discernir que todo acto tiene consecuencia. Y hacerte cargo de esa consecuencia es responder. El castigo adicional que te quieras impartir es opcional e inútil. A nadie le beneficiará tu castigo, sin importar cuál sea o qué tan duro te lo apliques. En cambio, hacerte cargo de ti, de la totalidad de ti, puede convertirte en una persona más consciente de sus componentes, lista para utilizarlos de la manera más madura cuando sea el momento oportuno.

Si nunca te haces cargo de tu parte “simple”, por ejemplo, porque te han enseñado que cuando estás de simple eres “débil” (o por la razón que sea), te perderás de muchas cosas, como disfrutar una película de humor sencillo. Si no dejas aflorar a tu lado simple y la disfrutas, te la pasarás criticándola o juzgándola (igual que a esa parte de ti), y en lugar de elegir vivir el presente sintiéndote maravilloso, lo vivirás sintiendo que estás perdiendo el tiempo. Y todo es cuestión de actitud. Pero no puedes adoptar la misma actitud para todas las situaciones de la vida. Y entre más te conozcas y te aceptes (y, por lo tanto, seas más responsable de ti), más fácilmente podrás adoptar la actitud que mejor se adapte a la situación presente y disfrutar con ello. ¿No es algo que vale la pena practicar hasta dominar? ¿Qué tan poderoso podrías ser si, cada que se presenta una situación adversa, pudieras adoptar la actitud que te permitirá salir adelante, sin juzgar cuál sea? Podrías hacerte cargo no solamente de ti y de tus circunstancias, sino también de muchas personas a tu alrededor. Interesante, ¿no?

Ahora vamos a los niveles más profundos. Aún hay, al menos, dos maneras muy importantes de evadir que no he mencionado. Uno es la proyección. Y el otro la identificación.

¿Cuántas veces eliges descalificar o ignorar a diversas partes de ti mismo? ¿Cómo puedes ser responsable ante otros y ante la vida cuando ni siquiera escuchas y atiendes las voces de tu propio interior? Todo malestar físico, toda enfermedad y todo accidente son resultado de una irresponsabilidad emocional. Así que si te generas cualquiera de esas tres, tampoco estás respondiendo; todos son mensajes de personitas descontentas adentro de ti, gente que te niegas a escuchar y que te hacen escándalos más fuertes cada vez para llamar tu atención… hasta que les oyes o te matan. ¿No sería preferible evitarte una lesión o un accidente mortal? ¿No sería más práctico atenderte y escucharte que morir de cáncer o diabetes? Y sin embargo, tantos seres humanos eligen, sea consciente o inconscientemente, evadirse a sí mismos, en lugar de escucharse. ¿Por qué sí tienes oídos para la gente que te habla en la calle? ¿Por qué atiendes a esa persona vagabunda, pese a que otros la consideren “escoria social”? Y tú, ¿qué no mereces al menos el mismo amor y atención que das a otros? Y entonces ¿por qué no se la das a TODAS tus partes internas sin importar cómo las juzgues? Piensa en la respuesta antes de pasar al siguiente párrafo.

Los seres humanos son especialistas en dar su energía y desperdiciarla donde menos útil es. Es inútil preocuparse por el futuro o lamentarse por el pasado, pero gastan tanta energía en hacerlo. Son expertos en dar energía a actividades que les permitirán seguir pretendiendo estar “bien” mientras se aseguran de que son todos los demás los que están “mal”. Y la energía para mantener esa ilusión y contarse esas historias los drena de todo poder personal hasta que quedan como cáscaras vacías, huecas y sin nada que importe en su interior. ¿Cómo se van a hacer cargo de sus partes valiosas si ni siquiera tienen el valor de primero admitir sus partes que consideran indignas o inadecuadas? Lograr hacerlo conlleva muchas recompensas, pero se requiere humildad y decisión.

Una manera de dar energía a borbotones de manera inútil y, además ser irresponsable, es la proyección. Toda vez que tienes una reacción emocional intensa ante otra persona, estás proyectando. Cuando resistes a alguien con fuerza, o admiras a alguien con pasión, estás proyectando. No tendrías una reacción emocional tan acusada si no poseyeras las mismas cualidades o defectos en tu persona. Y es muy fácil verlas en otros, pero cuando eliges no ser consciente, serás incapaz de verlas en ti. Cualquier cosa que veas en otra persona la tienes tú. Si tu reacción es desproporcionada a lo que sería normal o natural, con toda seguridad estás proyectando. En lugar de juzgar, criticar, alabar o ensalzar a esa persona (o de hacerlo contigo), date cuenta de por qué no te agradan esas cualidades en ti, o por qué crees no tenerlas, y haz algo al respecto. No castigarte ni juzgarte, pero sí escucharte, atender el llamado de esas partes que te hablan a través de tu resistencia a otras personas, y buscar un cauce creativo a su energía. La energía solamente es energía; depende de ti cómo la uses, y eso abarca también tu actitud y tus sentimientos. Solamente tú puedes decidir cómo usarás todo lo anterior, a menos que elijas seguir en la inconsciencia y ser manipulado a antojo de otros. ¿Prefieres ser una marioneta o un creador? ¿De qué manera estás siendo realmente más responsable? ¿Qué te funciona más? ¿Qué le funciona más a tu familia? ¿Y al mundo? ¿Valdría la pena hacer una elección consciente para tener un país distinto? Todo depende de ti, y la única persona con tus respuestas particulares eres tú.

Finalmente, tal vez la menos conocida de las maneras de ser irresponsable es la identificación. Cuando proyectas, evitas ver lo que se te facilita ver en otros. Pero admito que hay ocasiones en las que, viendo honestamente en tu interior, puedes decir “te prometo que no lo tengo en mi… lo resisto terriblemente, pero es algo que, tras analizar profundamente, en serio no tengo en mi, y por lo tanto no estoy proyectando”. Te la creo. Pero entonces, seguramente te estás identificando. Y esto ocurre cuando tú te identificas con ciertas cualidades o imágenes que demuestras tener. Si tú te identificas con la persona fuerte, vas a rodearte de personas débiles… y tendrás la razón. Si te identificas con la persona débil y que requiere ser guiada, atraerás automáticamente personas manipuladores y fuertes que guiarán o forzarán a que tu vida se dirija hacia alguna dirección… y tendrás la razón. Mas pese a tener la razón, perderás en la responsabilidad, porque cuando te identificas con alguna imagen o característica personal, en primer lugar, no la estás siendo. Estás pretendiendo serla. Y en segundo lugar, te impide comunicarte de manera clara y eficaz contigo mismo, al igual que lo hace cualquier otro mecanismo que utilices para ser irresponsable.

Identificar y ser consciente de estarlo haciendo puede ser muy útil cuando ya eres consciente de todas las demás formas de ser irresponsable. Aunque te identifiques con cualidades que te funcionen, si aún tienes que demostrar que las tienes, solamente te estás identificando con ellas. Y, en ese caso, aún no las eres; solamente estás pretendiendo serlas. El día en que puedas decir, honestamente, que eres o tienes tal o cual cualidad, sin tener que proclamarlo a los cuatro vientos, o tener que demostrarlo, y que dejes de rodearte de gente que es exactamente opuesta a esa cualidad en ti, ese día puedes decir que eres esa cualidad humilde y honestamente, sin identificarte con ella. Pero mientras atraigas personas que resistes precisamente porque son todo lo opuesto a lo que pretendes demostrar que eres… seguirás siendo irresponsable. Analízate con cuidado.

No pretendo abarcar todas las maneras de ser irresponsable, aunque te doy una amplia guía. Como dije antes, hay tantas maneras de evadir como personas en el mundo. Hay quien evade al comer, creando una armadura de grasa en su cuerpo. Hay quien evade al ir perdiendo la vista, por resistir ver algo o desear dejar de ser responsable por algo que ve. Hay quien prefiere quedarse sordo, sin huesos, sin hígado, sin amigos… maneras de ser irresponsable hay muchísimas. Pero es muy claro ver cuándo estás siendo responsable. Cuando atiendes el llamado interior, te escuchas a ti mismo, haces algo al respecto y tienes resultados distintos, puedes estar seguro de que estás dando una respuesta genuina y útil en tu vida.

Ser responsable o evadir… tú eliges.

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