Una entrevista con la Persona más Importante

Un corazón roto, tener los bolsillos vacíos y las derrotas que pasas en tu vida son las mejores maestras

¿Cuántas veces hemos escuchado estas palabras? ¿Cuántas veces has visto al cielo y has dicho:
¡Basta!?


Lo sé, han sido muchas. Lo sé porque me ha pasado. Son muchas las veces que me enamoré de alguien y no resultó como lo esperaba, he pasado por momentos en los que gente que amaba me hizo conocer la traición, otros en los que esa gente que amaba se aprovechó del cariño para sacar alguna ventaja personal o en otras, inclusive, humillarme.

Me he esforzado por trabajos en los que no fui bien valorado y en los que sentí que el trato que me daban no era el que merecía, me he comprometido con propósitos que no fueron reconocidos y donde muchas veces no recibí ni un gracias a cambio.

He invertido miles de dólares en emprendimientos que no funcionaron, negocios que no terminaban de reventar y de dar el cinco, negocios donde puse todo mi compromiso para salir adelante y no terminaron bien.

Así como he perdido en muchas apuestas que hice en mi vida y donde no recibí la anhelada recompensa, también he sido yo el
responsable del sufrimiento de otras personas, también he estado en trabajos donde esperaban mucho de mí y yo no di mi ciento por ciento, también hice negocios tontos y tomé decisiones equivocadas que dieron como resultado la pérdida de dinero y el desgaste emocional
como consecuencia de un negocio mal llevado. Y también he ganado, he pasado por momentos de opulencia y placer y donde he tenido la satisfacción de conocer mundo, de relacionarme y
disfrutar de bellos momentos.

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Así como he pasado por momentos buenos, también he pasado por momentos terribles. Yo también he tenido y tengo días en que no pruebo bocado y cuando lo pienso: es gracias a estos momentos a los que esta conocida expresión se refiere.


Tu mente no recuerda aquello que no conoce, y al mismo tiempo, al no conocerlos no encuentra un incentivo por el cual luchar si no ha atravesado por circunstancias que lo muevan de un lugar a otro, que lo motiven a trascender.
Estos momentos de dolor y escases te forman el carácter. Te dan templanza. Te abren las puertas a un mundo de posibilidades que antes eras incapaz de ver, porque necesitabas de este nuevo conocimiento adquirido a través de la experiencia para que te reinventes y puedas encontrar inicios nuevos. Necesitamos de estos momentos de templanza para aprender a
controlar nuestra mente y calmar nuestras emociones, ponerle un alto a la vida: detener el tiempo y poder respirar antes de tomar una nueva decisión.


Quiero contarte una historia personal muy corta:

En una entrevista reciente que tuve me pidieron que mencione de tres a cinco debilidades que yo encontraba en mí mismo, ya sea desde el aspecto personal o el profesional. Después de meditarlo brevemente, respondí: soy un poco obsesivo con mis metas, soy muy exigente y altamente competitivo cuando persigo resultados, soy perfeccionista al momento de entregar el producto final del trabajo que me encuentre realizando, siento un poco de ansiedad al esperar las respuestas sobre aquello que me he propuesto conseguir, y al mismo tiempo contradictorio, porque soy muy paciente con las personas y el entorno cuando sé que el resultado depende de
factores externos que no puedo controlar directamente.

Como era de esperar, la siguiente pregunta fue: ¿cuál consideras que es tu principal fortaleza? Y sin titubear respondí: nunca me rindo.


La vida está llena de números, es como si las matemáticas nos gobernaran. Teorías tan simples y complejas en sí mismas que explican desde la concepción del universo hasta la forma en cómo nos relacionamos. Si lo ves desde esta manera tus resultados también dependen de un número:
el número de veces que estás dispuesto y comprometido en fallar. Todas son estadísticas: a mayor cantidad de intentos, te van quedando una menor cantidad de respuestas incorrectas, siempre que pruebes, siempre con una estrategia diferente, conseguir la meta deseada; por estadística: vas a encontrar el éxito que tanto anhelas.


Sólo no te rindas. Aprende a entrenar tu mente. Aprende a controlar tus emociones. Aprende a tomar decisiones correctas bajo la teoría de prueba y error. Siéntate frente a un espejo y te invito a que te tomes esto tan en serio como lo harías en una entrevista laboral: conversa contigo, encuentra tus fortalezas, inténtalo las veces que sea necesario, y, sobre todo: nunca te rindas .

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